Medjugorje la nueva Belén

de Cecilia Appugliese

¡Medjugorje, la nueva Belén! Así es.

Medjugorje hace treinta años: un pueble-cito entre las colinas, como dice también sunombre, con pocos habitantes, gente sencilla,campesinos apartados del mundo, con sus co-stumbres cotidianas, oprimido por un régimendéspota, sin opción a reaccionar.

Belen hace dos mil años: pocascasas de pastores, gente sencilla,humilde pero verdadera.

Dos “pueblecitos”, si podemosasí llamarlos, similares en muchosaspectos, caracterizados por lasencillez de la gente y por su vidahumilde.

En Belén, Maria da a luz a Jesus,

el Hijo de Dios, el Salvador, y lo muestra ala gente que acude a la gruta, a los humildespastores y a los Reyes Magos, a toda esahumanidad de entonces, sumida en la descon-fianza y oprimida por el despotismo.

Maria ha venido a Medjugorje paracrear una segunda Belén: se ha aparecidoa los videntes el primer día, sobre una áridacolina, con el Niño Jesus entre sus brazos: Hatraído a Jesus, el Rey de la Paz a este mundoinquieto, distraído, infeliz, que vive sin Dios,exclamando: “Paz, paz, paz. Reconciliaos conDios y entre vosotros!” y Ella misma ha dichoque es la Reina de la Paz.

Belén significa “la casa del pan” y enMedjugorje todo se centra en la Eucaristía,el Pan que nos da la Vida, nos abre los ojos alos valores de nuestra existencia, nos dona elAmor y nosotros no podemos sino comuni-carlo a los demás.

Hoy día Medjugorje es la encrucijada de lagente, un lugar donde se encuentran personasde todas partes del mundo, sintiéndose comohermanos, cruzándose miradas de amor, desimpatía, de hermandad como en ningún otrolugar de la tierra. Allí nos sentimos acogidospor el Amor, nos sentimos como en casa.

Y es Maria quien nos dona el Amor: Mariaes “fuente que emana”, fuente que da lo querecibe del manantial; de hecho, no es la fuentela que apaga la sed, limpia o purifica, sino elagua del manantial que llega hasta ella. Allíes donde muchos han encontrado lo que dasentido y plenitud a esta vida tan vacía y árida,se han reencontrado con la fe y la han llevadoa los demás y así la fe se ha divulgado conlos años por todo el mundo. Maria con susmensajes nos ha guiado y sigue guiando nue-stros pasos, ofreciéndonos incluso a profetasque nos han ayudado y siguen ayudándonosa vivir sus invitaciones, y algunos de ellos,como verdaderos profetas, han pagado yestán pagándolo con persecuciones, como entoda historia de salvación, pero siguen dandotestimonio con su vida, de la paz que viene dela comunión con Dios y el amor al prójimo,incluso a sus perseguidores.

De hecho, Maria nos enseña a amar masallá de todo razonamiento humano, a ofrecernuestra vida por el que nos hace el mal, a vivirel Paraíso ya aquí en la tierra en comunión conel Espiritu Santo, incluso en nuestro tiempotan lleno de turbulencias, de situaciones fami-liares, de traiciones, de persecuciones. Y enestos años Jesus ha crecido dentro de nosotros,

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y nos ha instruido y guiado con su Palabra,precisamente como lo hizo en Palestina hacedos mil años.

Maria, con sus mensajes nos invita a cam-biar nuestro corazón para que podamos reno-var el mundo, limpiarlo de toda la suciedad enla que esta sumergido, para devolverle todoel esplendor que tenía cuando fue creado. Ynosotros , que hemos experimentado el pasode la tiniebla a la Luz, de la tristeza a la ale-gría, de la inquietud a la paz, esa verdaderapaz que nace del encuentro con Dios que esPaz y Amor, no podemos sino testimoniar,

sobre todo con nuestra vida lagracia recibida, la conversióndel corazón.

La Biblia no es un cuento,ni un libro que narra historiasantiguas, la Biblia narra la hi-storia de la relación entre Diosy sus criaturas, narra las caídasdel hombre, pero también la

fidelidad hacia su Creador. Por tanto debemosadentrarnos en nosotros mismos, abandonartodo proyecto nuestro para acoger el proyectode Dios, desnudarnos para hacernos instru-mentos Suyos con alegría.

El fruto de la adhesión a la voluntad deDios es precisamente nuestra alegría y la delos demás. Los ángeles en Belén anuncian laalegría, una gran alegría. Acoger a Jesus si-gnifica precisamente permanecer en la alegríaincluso cuando afrontamos la mentalidad delmundo que critica y no comprende.

Los discípulos de Emaús estaban tristes ycon miedo, porque con la muerte de Jesus, sehabía esfumado ante sus ojos “su” proyectode vida, pero cuando se encuentran con elResucitado sienten como un fuego en sucorazón, Le reconocen y regresan de prisapara testimoniar exultantes y con firmeza laResurrección, dispuestos a acoger el proyectode Dios.

Maria, en Medjugorje, nos pide que seamosnuevos apóstoles, que vivamos el amor y queanunciemos con nuestra vida la salvación yla paz que solo viene de Jesus. (“Vosotros,los que vivís en el amor de Dios y que habéisexperimentado sus dones, testimoniadlos convuestras palabras y vuestra vida para que seáisalegría y estímulo en la fe para los demás” - 25de septiembre de 2011).

En Belen los ángeles anuncian a los pastores“Paz en la tierra a los hombres que ama elSeñor” y Maria nos invita a que lo dejemostodo, nuestros pequeños intereses, nuestrosproyectos miopes para que encarnemos ennuestra vida la paz y la alegría de Dios ydemos testimonio de ello.

Pero para realizar esto se nos pide hacernoscomo niños, hacernos pequeños, dispuestos aacoger el soplo del Espíritu Santo y a ofrecernuestra vida para que se cumpla la voluntad deDios (“ofreced vuestras vidas por la salvacióndel mundo” 25 de febrero de 1988)

No por casualidad cada mensaje de Maria enMedjugorje inicia con las palabras “draga dje-co” que en croata significa “queridos niños”,porque así es como nos quiere, con un corazónsencillo y abierto como el de un niño.

Ahora ya, gran parte del mundo ha experi-mentado Medjugorje y los frutos no tardaránen manifestarse porque no somos nosotros losprotagonistas de la historia, sino el EspírituSanto, que habita en nosotros y que si lesecundamos, nos renovará a todos y a toda lacreación.

La vida que renace

En los primeros años de las aparicionespertenecía a un grupo de oración de Medju-gorje. Sentía muy dentro de mí la invitación deMaria, Madre Nuestra, a conocer las graciasextraordinarias de ese lugar. Creo y estoy con-vencida que la Virgen me ha llamado porqueme ama. Y yo me he dejado amar por ella.

Recuerdo la continua presencia de Mariadurante mi larga enfermedad. Oraba y nosentía necesidad de pedir por mi sanación,sino la ayuda para superar toda prueba y dolor.Ofrecer mi enfermedad a la Virgen por Jesus:esto es lo único que debía hacer. Ahora estoybien, mis dolores físicos ya pasaron y en micorazón se que la Virgen ha acogido esteofrecimiento mío porque se lo he donado concorazón sincero.

Decidí pues participar en una peregrina-ción, y en esa tierra bendita donde se respiraaire de Paraíso, pensé en ofrecer también mivida a Jesus a través de Maria. Dentro de mime sentía muy pequeña y con una pregunta:¿Seré capaz?

Si, fui capaz, y tras ese paso veo que un granamor crece cada día dentro de mí y me hacemás disponible para ofrecerme. Veo las cosasde manera distinta, afronto el sufrimiento confe consciente de que el Señor no me abandona:“Miradle a El y en nuestro rostro no habráconfusión” (cfr. Salmo 33,6), esta es la actitudhabitual de los humildes que siempre radianluz y alegría.

Cierto es que todos los días hay pruebas,pero parecen más soportables si se las ofrezcoa la Virgen. Me pongo a la escucha del corazónpara comprender que quiere Dios de mi, conla certeza de que solo El puede ayudarme. Lepido que pueda siempre perdonar para que lavida de cada día no se me haga insoportable.Las ofensas, de hecho, pueden realmenteherir. La diversidad de caracteres, los largossilencios, la falta de dialogo, las humillacio-nes, las desilusiones son sufrimientos, doloresprofundos. Pero si queremos amar debemossaber escuchar y comprender el corazón delprójimo, aunque nos cueste esfuerzo. Elperdón es el camino necesario para devolverconfianza, para reparar y para cambiar noso-tros y a los demás. Solo la gracia del perdónnos hace sentir libres para el Señor. Basta quela pidamos.

Es realmente cierto que en Medjugorje lavida renace .¡Gracias, Maria!

Franca R. (Monza)